Píldoras de Historia: Trepanación

Hola a todos mis seguidores. Me disculpo por no haber publicado nada hace un par de semanas, y la causa fue un pequeño quebranto de salud que "Me sacó de circulación" durante ese tiempo.

Eso me dejó tiempo para pensar cómo, a pesar de nuestra ciencia médica moderna, no dejamos de sentir dolores, o de luchar contra la enfermedad día a día.

Pues bien, hice una investigación sobre la medicina en la antigüedad y resultó tan abrumadora la existencia de evidencias de formas complejas de intervención médica, que me decidí por uno de los aspectos más intrigantes de la medicina antigua, no solamente de alguna zona específica, sino que fue una práctica muy extendida por todas las culturas antiguas del mundo: La trepanación.

La medicina precede a la historia escrita. Mucho antes de que los escribas sumerios marcaran sus primeras tablillas de arcilla, los seres humanos ya practicaban formas complejas de intervención médica. El período Neolítico, caracterizado por la sedentarización y el desarrollo de la agricultura, nos ofrece las primeras evidencias inequívocas de procedimientos quirúrgicos invasivos y de un cuidado social organizado hacia los enfermos y heridos.

A diferencia de la percepción popular de una intervención tosca, los antiguos cirujanos desarrollaron al menos cuatro técnicas precisas para abordar el cráneo sin matar al paciente, demostrando un conocimiento empírico de la estructura ósea (diploe) y las membranas cerebrales:

    - Raspado (Scraping): Es la técnica más antigua y común, especialmente en el Neolítico europeo. Consistía en raspar progresivamente el hueso con una piedra abrasiva (sílex u obsidiana) hasta exponer la duramadre. Era un proceso lento pero seguro, ya que minimizaba el riesgo de dañar el cerebro y generaba menos sangrado, lo que explica las altísimas tasas de supervivencia asociadas a este método.

    - Surcado (Grooving): El cirujano trazaba un surco circular repetidamente con una punta afilada hasta que el disco de hueso se soltaba. Esta técnica requieria gran precisión para mantener el surco uniforme.

    - Perforación y Corte (Boring and Cutting): Se realizaban múltiples perforaciones pequeñas formando un círculo, que luego se conectaban cortando los puentes óseos entre ellas para extraer la placa. Fue una técnica común en la antigua Sudamérica y se ha documentado también en China.

    - Cortes Rectangulares: Cuatro incisiones profundas que se cruzaban en ángulos rectos para extraer un cuadrado de hueso. Esta era la técnica más peligrosa y dolorosa, ya que los cortes en las esquinas a menudo penetraban demasiado, dañando la duramadre. Fue común en el Perú precolombino temprano, pero gradualmente se abandonó en favor de técnicas más seguras.

La trepanación, el acto de perforar o raspar un orificio en la bóveda craneal de una persona viva, representa el procedimiento quirúrgico más antiguo del que tenemos constancia directa. La evidencia arqueológica de esta práctica es muy extensa, numerosa y geográficamente vasta, extendiéndose desde los yacimientos neolíticos de Europa y el norte de África hasta China y las Américas precolombinas.

Lo que asombra a los paleopatólogos no es solo la antigüedad de la práctica (con ejemplos que datan del 10.000 a.C. ), sino la sofisticación técnica y las altas tasas de supervivencia. Los análisis de cráneos trepanados revelan a menudo signos claros de remodelación ósea alrededor de los bordes del orificio quirúrgico. Este proceso biológico, donde el hueso vivo cicatriza y suaviza los bordes afilados del corte, indica que el paciente no solo sobrevivió a la operación inicial, sino que vivió durante meses o incluso años después de ella. En algunos yacimientos de China, que abarcan desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce y del Hierro (5,000 a 2,000 AC), se han encontrado especímenes que demuestran "efectos terapéuticos notables" y un tratamiento meticuloso, evidenciando que esta no era una carnicería ritual, sino una intervención calculada. 

Las técnicas variaban según la cultura y las herramientas disponibles. Se han identificado métodos de raspado progresivo, corte circular con herramientas de sílex u obsidiana, y la perforación de múltiples orificios pequeños conectados posteriormente para extraer la placa ósea. La habilidad para realizar estas operaciones sin dañar la duramadre —la membrana que protege el cerebro— y sin provocar una infección fatal de las meninges sugiere un conocimiento empírico de la anatomía y, posiblemente, el uso de agentes antisépticos naturales, aunque estos últimos no hayan dejado rastro en el registro arqueológico. 

Se han hallado artefactos que probablemente se usaron para perforar el cráneo, como cuchillos. Las técnicas varían según la región e incluían la perforación, el corte y el raspado. 

Como ejemplos, en estudios realizados sobre cráneos del Imperio Inca (c. 1400 d.C.), que perfeccionó técnicas heredadas de culturas andinas anteriores, las tasas de supervivencia alcanzaron entre el 75% y el 83%, llegando incluso al 91% en algunos periodos tardíos. Sabemos que el paciente sobrevivió porque el hueso muestra signos claros de "remodelación": los bordes afilados del corte se suavizan y redondean con el tiempo, un proceso biológico que solo ocurre en un organismo vivo. La presencia de infecciones (osteomielitis) es sorprendentemente baja en los registros, lo que sugiere el uso de antisépticos naturales, posiblemente bálsamos vegetales o miel, para tratar la herida operatoria.

Una de las técnicas de corte era la de cortar en forma de cruz, con la cual creaban un agukero cuadrado, es especialmente común en Mesoamérica. Se han hallado muchos de estos cráneos con signos inequívocos de cicatrización. Igualmente, se han encontrado herramientas como cuchillos, uno de cuyos más famosos ejemplo es uno del año 800 AC aproximadamente, decorado con figuras que muestran a éstas utilizando un cuchillo igual realizando una cirugía.

También, en un hallazgo reciente en la ciudad bíblica de Megiddo (Israel) ha arrojado nueva luz sobre la trepanación en la Edad del Bronce (c. 1500 a.C.). Se descubrieron los restos de dos hermanos de clase alta enterrados bajo una residencia de élite. Uno de ellos presentaba una trepanación angular con muescas (técnica de corte) realizada poco antes de su muerte. Este caso es excepcional por dos razones: demuestra que la trepanación era accesible a la élite social y confirma que, incluso en el Levante de la Edad del Bronce, existían especialistas capaces de realizar estas intervenciones complejas, aunque en este caso particular el paciente falleciera poco después (la ausencia de remodelación ósea indica que no sobrevivió mucho tiempo).

Eso nos lleva a la cuestión de por qué se realizaban estas operaciones ha generado un intenso debate académico. Las teorías actuales sugieren una dualidad funcional:

    - Traumatismo y Cirugía de Urgencia: Existe una fuerte correlación en el registro fósil entre la trepanación y las fracturas craneales. En muchos casos, la trepanación parece haber sido una respuesta directa a una lesión en la cabeza, destinada a limpiar la herida de fragmentos óseos astillados (esquirlas) y evacuar hematomas (acumulaciones de sangre) que ejercían presión sobre el cerebro. La distribución de cráneos trepanados es más frecuente en áreas donde se usaban armas contundentes, como mazas, lo que refuerza la hipótesis de la cirugía de guerra primitiva.   

    - Neuropsiquiatría y Magia: Sin embargo, muchos cráneos no muestran signos de trauma previo. En estos casos, se postula que la trepanación servía para tratar dolencias invisibles pero devastadoras como la epilepsia, migrañas severas o trastornos mentales. En la cosmovisión antigua, estas condiciones podían interpretarse como la posesión por espíritus malignos; abrir un orificio en el cráneo habría proporcionado una vía de escape física para estas entidades. El hecho de que los discos de hueso extraídos (rondelas) se encontraran a menudo perforados para ser usados como amuletos sugiere una dimensión ritual significativa. 

Según Tim White, uno de los mayores expertos a nivel mundial en prehistoria, nos dice que: "Las trepanaciones más comunes son peruanas y su explicación generalmente deriva de la práctica moderna de aliviar la presión endocraneal. Aunque es difícil establecer la intencionalidad sin registros escritos"

Incluso en tiempos de Hipócrates de Cos (460-370 AC), en el Corpus Hipocraticum, en la parte sobre las heridas en la cabeza, detalla meticulosamente cuándo usar el trépano. Curiosamente, recomienda la trepanación para contusiones y fisuras para prevenir la acumulación de pus o sangre, pero aconseja precaución extrema o evitarla en fracturas deprimidas graves. El texto advierte explícitamente sobre el peligro de dañar la duramadre, describiéndola como una membrana que no debe ser tocada, lo que revela un conocimiento anatómico profundo obtenido quizás en el campo de batalla.  

Generado por Copilot

Más tarde, Galeno no solo teorizó, sino que experimentó. Realizó trepanaciones en animales (especialmente en monos de Berbería) para estudiar la función cerebral. Descubrió que presionar sobre los ventrículos cerebrales causaba pérdida de conciencia y motricidad, pero presionar sobre el cerebro sólido no siempre lo hacía. Estas vivisecciones animales le permitieron mapear funciones del sistema nervioso con una precisión inaudita para su tiempo, aconsejando siempre proteger la duramadre a toda costa durante la cirugía.

Más allá de la cirugía craneal, el manejo de las fracturas de huesos largos ofrece una visión conmovedora de la cohesión social neolítica. La antropóloga Margaret Mead argumentó célebremente que el primer signo de civilización no es una herramienta o un templo, sino un fémur curado. En la naturaleza, un animal con una pierna rota está condenado; no puede cazar ni huir. Un fémur humano curado en un contexto prehistórico implica que el individuo fue cuidado, alimentado y protegido por su grupo durante el largo período de convalecencia necesario para la consolidación ósea.

La evidencia osteológica respalda la existencia de técnicas de reducción y fijación. Aunque las fracturas curadas a veces muestran deformidades o acortamientos, el simple hecho de la supervivencia y la formación de callo óseo indica un intento deliberado de tratamiento. En períodos posteriores, pero herederos de estas tradiciones arcaicas, vemos la aplicación de férulas. En momias egipcias, por ejemplo, se han hallado fracturas inmovilizadas con entablillados de corteza de árbol y vendajes de lino endurecidos con resinas o mezclas de clara de huevo y harina, actuando como precursores de los yesos modernos. Estas prácticas demuestran un conocimiento empírico de que la inmovilización es clave para la curación, un principio que sigue vigente en la ortopedia actual.

Ah, de nuevo me salgo del tema facilmente, es tan interesante y fascinante el tema, que es fácil perderse. Pero les prometo que sacaré más publicaciones al respecto de la medicina antigua... Se me ocurre hablar sobre el, tal vez, primer tratado de medicina interna, el Papiro Elbers ...

Pero para finalizar, es increíble como estas prácticas fueron extendidas por todo el mundo, y en todas ellas hubo grandes tasas de supervivencia. Lo que me deja más asombrado, es que nos demuestra cómo, a veces, estamos muy equivocados en cuanto a los conocimientos antiguos y cómo siempre, desde los albores de la humanidad, la curiosidad y la necesidad de tener compañeros sin dolor, tratando de vencer a la muerte y a la enfermedad, ayudó a crear los cimientos de la medicina.


Que descansen y nos vemos la próxima semana


Chau,

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