Píldoras de Historia: Un persa Aqueménida... ¿Héroe judío?
Trata de imaginar algo... Estamos en la ciudad de Jerusalén, y corre el año 586 AC. El rey del imperio Neobabilónico Nabucodonosor II ha saqueado la ciudad, luego de año y medio de un terrible asedio, la ciudad está en caos, y lo peor, ha destruido el Primer Templo, el que construyó el Rey Salomón.
Y ahora no suficiente con todo este desastre militar, con la aniquilación de la soberanía del reino de Judá, se ve disuelta esa monarquía davídica, se ve además destruido ese centro teológico y de culto de la fe judía.
Y esa disolución de las estructuras sociales será todavía más dolorosa, ya que las élites políticas, religiosas y militares se verán forzadas a salir de su tierra, para exiliarse forzosamente en una ciudad como Babilonia.
Ese panorama lo vivieron los habitantes del reino de Judá, durante ese año, lo que sumió como vimos, a Judá en un tremendo vacío teológico, político y militar, casi podríamos decir que un vacío existencial.
Como el evento del exilio, en parte ya fue tratado en otra de estas píldoras, no lo explicaré y bastará con decir que el exilio en Babilonia se constituyó también en una fuente de enriquecimiento desde varios puntos de vista, y que el retorno de estos exiliados los convirtió realmente en ese pueblo judío que después retratarían en los diferentes libros sagrados.
También podemos decir que el exilio no involucró a todo el pueblo de Judá, eso es una falacia histórica, ya que los exiliados fueron las élites tanto civiles, militares y teológicas, así como los mejores trabajadores y artesanos de Judá.
Nabucodonosor II el hijo de Nabopolasar, conocedor de las capacidades de estas gentes, no desaprovechó estos "talentos" y los utilizó para su propio beneficio en el embellecimiento y reconstrucción de Babilonia.
Lo que debemos recordar, es que este Nabucodonosor, que derrotó a los Egipcios en la batalla de Karkemish en el 605 AC, había tomado control del Elam, de Mesopotamia, de Siria y de la zona de Palestina, luego de la muerte del rey Asirio Asurbanipal.
Nabucodonosor era de ascendencia Caldea.
Antes de los hechos del 586 mencionados, ya Nabucodonosor II había ocupado Jerusalén y realizado deportaciones, pero el Rey Joaquín de Judá se había rebelado contra él, en conveniencia con los Egipcios, y en el 597 Nabucodonosor recuperó Jerusalén y nombró en el trono de Judá a Sedecías, que también lo traicionó aliándose con la Ciudad de Tiro y, nuevamente, con los Egipcios, ya en el 586, donde comienza nuestro relato.
Ya puestos en contexto, sigamos con la historia y vamos a ver porqué Darío el Persa es un héroe para los judíos.
Para comprender el papel de Darío I, primero se debe analizar el legado de su predecesor, Ciro el Grande, quien estableció el precedente de la benevolencia persa y se consolidó en la memoria judía como el "primer héroe" persa.
En realidad, todo comenzó con el ascenso de los Aqueménidas al poder, de manos de Ciro el Grande, quien dejó un legado de gran valor para la historia que tratamos, y que se conoce como el Edicto del Retorno, promulgado en el 539 AC.Este es el "primer héroe Persa".
La reverencia por Ciro en las fuentes judías es única y asombrosa. En un acto sin precedentes para un monarca extranjero, el profeta conocido como Isaías se refiere a Ciro como el "Mesías" de Dios (del hebreo Mashiach, que significa "ungido") en Isaías 45:1.5 Este título, reservado para los reyes y sumos sacerdotes de Israel, lo designa como el agente divino elegido para la salvación de Israel, convirtiéndolo en el único gentil en la Biblia en recibir tal distinción.
El Libro de Esdras comienza articulando esta teología en términos políticos. Esdras 1:1-4 relata el famoso Edicto de Ciro, emitido en su primer año de reinado (539/538 a.C.). En este edicto, Ciro no solo concede permiso a los judíos para regresar a su tierra natal (Yehud), sino que proclama que su propio éxito imperial le fue otorgado por el Dios de los judíos (YHWH) con el propósito expreso de que Ciro le reconstruyera el Templo en Jerusalén.
Esto no quiere decir que Ciro se hubiese convertido al judaísmo, sino más bien una aplicación de la política imperial mucho más amplia.
El famoso Cilindro de Ciro, un artefacto contemporáneo que registra su conquista de Babilonia, lo muestra presentándose de manera similar a los babilonios como un devoto del dios Marduk, restaurando sus templos.
O sea, que esta política lo que pretendía era patrocinar las religiones locales y revertir de alguna manera las políticas que oprimían a los pueblos a la manera neobabilónica, pacificando y logrando lealtad de los súbditos en las diferentes regiones del imperio, y además, asegurándose el favor de los respectivos dioses de cada uno de estos pueblos.
El resultado inmediato de este edicto fue el primer retorno de exiliados a Judea, un territorio ahora reorganizado como la provincia persa de Yehud Medinata (la provincia de Judá). Este grupo inicial fue liderado por figuras como Sesbasar y Zorobabel, un descendiente de la línea real davídica que fue nombrado gobernador.
Llegados a este punto, ya podemos ver entonces la importancia de Darío. El edicto de Ciro, aunque tremendamente importante, fue, en la práctica, un fracaso.
La legitimidad fundacional que otorgó no fue suficiente para superar la política local y la burocracia ya establecida durante los años de exilio en la zona.
El Libro de Esdras, en su capítulo 4, detalla la intensa oposición que encontraron los repatriados.
Los "enemigos de Judá y Benjamín", identificados como los samaritanos y otros funcionarios locales que se habían asentado en la región, vieron el proyecto de reconstrucción del Templo como una amenaza a su propia influencia política y religiosa.
Estos adversarios frustraron sus esfuerzos empleando dos tácticas: primero, desanimaron a los constructores y, segundo, apelaron directamente a la corte imperial persa. En Esdras 4, se describe una serie de cartas enviadas a los sucesores de Ciro (nombrados en el texto como Asuero/Jerjes y Artajerjes, aunque la cronología del capítulo es compleja y comprime eventos de diferentes reinados posteriores).
La oposición tuvo éxito.
Nuevamente en Esdras 4:21-23 se registra una orden devastadora de un rey Artajerjes (probablemente un usurpador posterior, o una confusión textual con Cambises) que ordena la detención inmediata de la obra, acusando a los judíos de reconstruir una "ciudad rebelde y perversa".
La orden fue ejecutada por la fuerza, y el proyecto del Templo quedó en ruinas. El resultado, como concluye sucintamente Esdras 4:24, fue que "la reconstrucción del templo de Dios quedó suspendida hasta el segundo año del reinado de Darío, rey de Persia".
Este período de estancamiento duró aproximadamente entre 15 y 17 años. El "heroísmo" de Ciro había proporcionado la legitimidad teológica para el retorno, pero carecía de la fuerza ejecutiva y la financiación para superar la oposición política local.
El sueño de Ciro, en la práctica, murió en la burocracia provincial.
Y es desde el segundo año del reinado de Darío (522 AC) que aparece ese punto de inflexión histórica, cuando se reanuda la construcción del Segundo Templo, esta vez, de manera definitiva.
Esto ocurre luego de una serie de hechos que incluyeron aspectos legales de las leyes persas.
La reanudación no fue iniciada por Persia, sino por un resurgimiento profético interno en Judá. En medio del estancamiento, los profetas Hageo y Zacarías comenzaron sus ministerios. Sus escritos están explícitamente fechados en este "segundo año de Darío". Ambos profetas reprendieron al pueblo y a sus líderes — Zorobabel, el gobernador, y Josué, el sumo sacerdote — por vivir en sus propias casas lujosas mientras el Templo de Dios seguía en ruinas (Hageo 1:4).
Inspirados por este mandato divino, los líderes judíos reanudaron la construcción, a pesar de la prohibición imperial existente.
Esta acción ilegal provocó una crisis burocrática inmediata y una investigación oficial, como se detalla en Esdras 5. Tatnai, el gobernador persa de la satrapía mayor de "Más allá del río" (Transeufratina), que incluía a Yehud , llegó a Jerusalén para investigar.
Es crucial anotar que Tatnai actúa como un administrador competente y metódico. No detiene la obra de inmediato, sino que interroga a los líderes judíos sobre su autoridad legal.
Los judíos basan su defensa en el decreto original de Ciro. Tatnai, enfrentado a lo que parece ser una comunidad que viola una orden de suspensión (la de Artajerjes) mientras afirma estar cumpliendo una orden fundacional (la de Ciro), escala el asunto.
Escribe una carta formal al emperador Darío I , solicitando que se investigue en los archivos reales si Ciro, de hecho, había emitido tal decreto.
La crisis que Darío I debe resolver es, en esencia, una crisis de precedentes legales. El destino del judaísmo pendía ahora de la decisión de un burócrata imperial sobre cuál de los edictos contradictorios de sus predecesores tenía primacía, y la respuesta de Darío I, registrada en Esdras 6, es lo que fundamenta su estatus de "héroe pragmático" para el pueblo judío.
Su decreto no fue simplemente un permiso; fue un mandato ejecutivo, financiero y legal que resolvió todos los obstáculos que habían paralizado el edicto de Ciro.
Darío I ordenó una búsqueda en los archivos imperiales. Sin embargo el memorando de Ciro no se encontró en Babilonia, sino en la ciudadela de Ecbatana, la capital de verano de los reyes Aqueménidas.
Este detalle es considerado por los historiadores como un fuerte indicador de la autenticidad del relato, ya que los archivos reales (probablemente escritos en rollos de pergamino o papiro, no en tablillas de arcilla) se movían con la corte. Al encontrar y ratificar el precedente de Ciro, Darío I estableció la continuidad legal del Imperio Aqueménida. Su acción no fue revolucionaria; fue profundamente conservadora, en el sentido de que defendía la ley establecida por el fundador del imperio.
Una vez validado el decreto de Ciro, Darío I emitió sus propias órdenes. Primero, ordenó a Tatnai y a los demás funcionarios "alejarse de allí" y no interferir. Segundo, adjuntó una amenaza de castigo específica y aterradora para cualquiera que alterara su edicto: "...quien desobedezca esta orden, sea empalado en una viga sacada de su propia casa, y le derrumben la casa".
Esto no era solo retórica. El empalamiento era una forma de ejecución estándar persa, reservada para rebeldes y traidores. El historiador griego Heródoto registra que el propio Darío I empaló a 3,000 de los principales ciudadanos de Babilonia tras una revuelta. Por lo tanto, Darío no solo dio permiso; adjuntó una amenaza de fuerza letal para proteger el proyecto.
El edicto de Ciro fue un permiso que fue fácilmente anulado por la oposición local; el decreto de Darío fue un mandato ejecutable, respaldado por el terror del estado persa.
LA financiación estatal es, quizás, el elemento más crucial y el que más diferencia a Darío de Ciro. Ciro había devuelto los utensilios del Templo y permitido a los judíos aceptar donaciones voluntarias.
Darío I fue mucho más allá: ordenó que el costo total de la reconstrucción fuera pagado en su totalidad por el tesoro real, utilizando los impuestos recaudados en la provincia de Tatnai, "Más allá del río".
En efecto, el Segundo Templo de Jerusalén se convirtió en un proyecto de infraestructura patrocinado por el estado persa.
| Generado por Copilot |
Darío eliminó el obstáculo financiero que había plagado a la empobrecida comunidad de repatriados. Finalmente, el decreto de Darío también ordenaba la provisión de todos los suministros necesarios para el culto diario en el Templo (animales, trigo, sal, vino) para que pudieran ofrecer "sacrificios gratos al Dios del cielo".
A cambio de este patrocinio estatal integral, Darío exigió un quid pro quo específico: que los sacerdotes de Jerusalén "rueguen por la vida del rey y de sus hijos". Aquí se revela esto como una perfecta "Razón de Estado".
Darío no actuaba como un converso al judaísmo, sino como un emperador piadoso (en el sentido politeísta antiguo) que buscaba asegurar el favor de una deidad local poderosa —el Dios de los judíos— para la estabilidad de su imperio y la legitimidad de su propia dinastía.
El Templo fue completado en el sexto año del reinado de Darío, c. 516 AC.
Ahora, esto es "aprovechado" por profetas como Hegeo y Zacarías, para hacer ver cómo Dios actuó a través de Darío para hacer cumplir sus designios, lo que me parece una jugada magistral de éstos, ya que esta retórica de Dios actuando a través de otros es muy efectiva y atractiva.
A diferencia de los babilonios, que destruían templos y dioses patronos , los persas entendían que la religión y la identidad nacional estaban intrínsecamente vinculadas. Patrocinar un culto local y fomentar su vida interna era una estrategia sofisticada para asegurar que los pueblos sometidos permanecieran "satisfechos y pacíficos".
Además, Darío I tenía una necesidad política extrema de legitimar su gobierno. No era el heredero directo de Ciro o su hijo Cambises. Llegó al trono en 522 a.C. tras una violenta guerra civil contra un pretendiente (Bardiya/Gaumata), un evento que el propio Darío detalló en su monumental Inscripción de Behistún.
Habiendo tomado el poder por la fuerza, Darío necesitaba presentarse como el restaurador del orden y el piadoso cumplidor de las tradiciones del imperio. Al ratificar el decreto de Ciro y financiar el Templo de Jerusalén (así como templos en Egipto y otros lugares), consolidaba su propio poder y se mostraba como un sucesor legítimo y devoto.
Finalmente, la geopolítica jugó un papel. Yehud Medinata era una pequeña provincia autónoma , gobernada por una élite sacerdotal local , pero estaba situada en una zona estratégica vital (Eber-Nari), sirviendo como amortiguador cerca de la siempre rebelde satrapía de Egipto. Tener una población local leal, financiada por el estado y obligada contractualmente a orar por el bienestar del rey persa , era una inversión geopolítica de bajo costo y alto rendimiento.
El heroísmo de Darío, visto secularmente, fue un acto magistral de políticas que utilizan todos los medios posibles para afianzar su poder, en este caso, mediante "concesiones" y "libertades" que permitan mantener a sus súbditos, en cierta manera "libres".
Ahora, es necesario hacer una aclaración acerca del nombre de Darío, ya que en el Antiguo Testamento aparece el nombre de Darío referenciado por diferentes autores y épocas, por lo cual debemos dejar claro de quién se habla cuando encontramos Darío en el Antiguo Testamento:
Darío I (El Grande) (r. 522-486 a.C.): Este es el sujeto de esta píldora de historia. Es el Darío histórico que aparece en los libros de Esdras (capítulos 4-6), Hageo (1:1) y Zacarías (1:1). Su legado es el de ser el constructor y financiador del Segundo Templo.
Darío el Medo: Esta es la figura que aparece en el Libro de Daniel (ej. Daniel 5:31, 9:1). Se le describe como el rey que toma Babilonia y que (en Daniel 6) arroja a Daniel al foso de los leones. Su identidad histórica es objeto de intenso debate académico; no es una figura conocida por fuentes extrabíblicas, y muchos eruditos intentan identificarlo con otros generales o gobernadores. No es la misma persona que Darío I.
Darío "el Persa" (probablemente Darío II): El libro de Nehemías (12:22) menciona un registro de sacerdotes levitas que llega "hasta el reinado de Darío el Persa". Dado que la lista incluye al sumo sacerdote Jadúa, quien fue contemporáneo de Alejandro Magno (más de un siglo después de Darío I), la mayoría de los eruditos identifican a este Darío no con Darío I, sino con Darío II (r. 423-404 a.C.) o incluso con Darío III, el último rey aqueménida.
El estatus de héroe constructor es exclusivo de Darío I el Grande.
En la conciencia judía global y occidental contemporánea, Ciro el Grande eclipsa abrumadoramente a Darío I.
La designación teológica única de Ciro como "Mesías" y su papel como el libertador original le otorgan una primacía que Darío, el administrador, no posee.
La historiografía judía moderna y la cultura popular se centran casi exclusivamente en Ciro.
Sin embargo, esto no significa que Darío haya sido olvidado.
La premisa de que es una figura "casi heroica" es correcta, particularmente en las tradiciones que mantienen una conexión histórica más directa con el Imperio Persa.
La evidencia más fuerte de la memoria heroica de Darío proviene de la judería iraní (persa).
¿Y cuál podría ser entonces el veredicto de la historia? Pues es como el que la asociación de dos hombres separados en el tiempo, como lo fueron Ciro el Grande y Darío I el Grande, el uno iniciador y el otro el ejecutor, se convirtieron en grandes referentes no solamente para los judíos, sino para otros pueblos de la zona del imperio Aqueménida, y su recuerdo perdura aún hoy.
En conclusión, sin el edicto de Ciro, no habría habido retorno legítimo. Pero sin el decreto, la financiación y las amenazas de Darío I, el Segundo Templo —el edificio que se convirtió en el centro del judaísmo durante los siguientes quinientos años— casi con toda seguridad nunca se habría completado.
El estatus heroico de Darío I, aunque a menudo eclipsado por el de Ciro, está cimentado en la historia como el patrón imperial que convirtió una visión profética fallida en una realidad financiada por el estado.
La historia a veces nos da lecciones que, aunque nos gusten o no, no son fácilmente asimilables, como la de nuestra historia de hoy, como lo es el hecho de entender cómo un Persa podría ser héroe judío...
Esta historia me hace recordar a aquella famosísima historia de ….
Casi me salgo del tema, mejor descansen, nos vemos la otra semana, chau.}





Comentarios
Publicar un comentario
Me gustaría conocer tus opiniones sobre el contenido. Son de gran ayuda para mejorar