Píldoras de historia: Poqué se dividió la Iglesia... Eutiques y el Concilio de Calcedonia
Hola Buenas noches, luego de un corto período desaparecido de mi blog, por una pequeña afección médica, vuelvo recargado y con nuevos temas que seguramente les agradarán, como es el tema del que vamos a hablar algo hoy.
Para la mayoría de creyentes católicos, seguramente pensarán que la iglesia como un todo, con sus pormenores, su administración, su forma de realizar cada acto, toda su doctrina y la forma de hacer las cosas, siempre fueron así desde el surgimiento de la Iglesia.
Pero esta visión está muy lejos de ser cierta, y muy lejos de pensar en que todo ha sido un devenir pacífico y sin conflictos desde el inicio de la formación de la iglesia y los procesos que moldearon toda la teología, la modificación y selección de los escritos primigenios para dar forma a la Biblia que conocemos hoy, y en fin, a lo que vemos hoy.
Pero, para nadie es extraño que a simple vista, hay una diferencia entre la iglesia de occidente y la de oriente: Ortodoxos y Católicos (Sin ser los únicos, ya que se encuentran otros movimientos, como veremos)
Así que veamos cómo el Concilio de Calcedonia, celebrado en el año 451 d.C., constituye el punto de inflexión más trascendental en la historia de la cristiandad antigua. No solo representó el punto de quiebre en las disputas cristológicas que habían consumido la energía intelectual de la Iglesia durante más de un siglo, sino que también estableció las bases de una fractura política, cultural y jurisdiccional que culminaría seiscientos años después en el Gran Cisma de 1054.
Este evento, motivado inicialmente por la necesidad de resolver la crisis del monofisismo, reveló las profundas tensiones entre las grandes sedes episcopales de Roma, Constantinopla, Alejandría y Antioquía, configurando un nuevo orden eclesiástico que alteró permanentemente la unidad del cuerpo místico de Cristo.
Todo inició como una consecuencia de los movimientos que surgieron a lo largo de los primeros siglos del cristianismo, en especial, de la controversia provocada por el Arrianismo, durante el siglo IV. ras la afirmación de la plena deidad de Cristo en el Concilio de Nicea (325), la reflexión teológica se desplazó hacia la mecánica de la encarnación: ¿Cómo puede el Verbo eterno de Dios coexistir con la humanidad finita en un solo ser?.
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Este interrogante dio lugar a dos tradiciones exegéticas y teológicas divergentes, cuyos enfoques contrastantes sembraron las semillas de la discordia.
Debemos tener en cuenta que el mundo de los primeros siglos de nuestra era, básicamente eran Romanos, lo cual implica una influencia a todo nivel tanto Griega como Latina, incluyendo todas las ideas filosóficas.
En Alejandría, uno de los grandes centros de pensamiento de la antigüedad, se conservaba esa herencia del platonismo. En ella surge la figura de Orígenes por ejemplo, quien dio énfasis a la unidad del "Logos" encarnado. Para los alejandrinos, cualquier distinción excesiva entre lo divino y lo humano en Cristo amenazaba la eficacia de la salvación; si Cristo no era una unidad total, la divinidad no habría "divinizado" verdaderamente la carne humana.
En contraste, la Escuela de Antioquía, influenciada por el aristotelismo y una exégesis más histórica, priorizaba la integridad de las dos naturalezas. Estos temían que el enfoque alejandrino absorbiera la humanidad de Jesús, convirtiéndola en un mero instrumento o una apariencia, lo que invalidaría su papel como mediador y ejemplo moral para la humanidad.
Estos dos enfoques llevaron al surgimiento, por un lado, del Monofisismo (Alejandría), y el Nestorianismo (Antioquía).
En el año 428, el nombramiento de Nestorio como Patriarca de Constantinopla desencadenó la primera gran crisis. Nestorio, formado en la tradición de Antioquía, rechazó el uso del término Theotokos (Madre de Dios) para referirse a la Virgen María, sugiriendo en su lugar Christotokos (Madre de Cristo). Su argumento era que María no podía ser la madre de la esencia divina, sino solo del hombre en quien el Verbo habitó.
Cirilo de Alejandría, detectando lo que consideraba una división de Cristo en dos personas distintas, lideró una contraofensiva teológica que culminó en el Concilio de Éfeso en 431.
Y, aunque en Éfeso se condenó a Nestorio, la resolución fue desordenada y dejó un "mal sabor de boca" por decirlo menos, en las provincias orientales.
El "Edicto de Unión" del 433 intentó una reconciliación casi "cosida con hilo" entre Cirilo de Alejandría y los obispos orientales, reconociendo las dos naturalezas pero manteniendo la unidad de la persona; pero este compromiso no logró satisfacer a los elementos más radicales de ambas facciones.
Tras la muerte de Cirilo en 444, su sucesor en la sede de Alejandría, Dióscoro, radicalizó la postura alejandrina. En Constantinopla, el influyente monje Eutiques, archimandrita de un gran monasterio, comenzó a enseñar que después de la encarnación, la naturaleza humana de Cristo había sido absorbida por la divina, de modo que Cristo poseía una sola naturaleza (monos physis), de donde proviene el término monofisismo.
Eutiques afirmaba que el cuerpo de Cristo no era consustancial al nuestro, una idea que el patriarca Flaviano de Constantinopla denunció como herética en un sínodo local en 448.
Eutiques, sin embargo, contaba con el favor del emperador Teodosio II y del poderoso eunuco Crisafio.
Esta red de influencias políticas permitió a Dióscoro de Alejandría convocar un sínodo en Éfeso en el año 449, conocido en la historia como el "Latrocinio de Éfeso". En esta asamblea, Dióscoro actuó con violencia (literalmente), impidió la lectura de las cartas enviadas por el papa León I de Roma y depuso a Flaviano, quien moriría poco después a causa de los golpes recibidos.
Eutiques fue rehabilitado y el monofisismo se impuso por la fuerza como la doctrina oficial del Imperio.
La muerte accidental de Teodosio II en el año 450 alteró el equilibrio de poder. Su hermana Pulqueria asumió el trono y se casó con el general Marciano, un militar de convicciones ortodoxas. Ambos emperadores buscaron restaurar la paz en la Iglesia y convocaron un nuevo concilio ecuménico, trasladando su sede de Nicea a Calcedonia para supervisar de cerca las deliberaciones.
Los principales personajes de aquel concilio los podemos resumir así:
- San León I Magno: Aunque no asistió personalmente debido a las invasiones bárbaras en Occidente, su influencia fue decisiva. Su Tomo a Flaviano, una carta dogmática que explicaba la unión de las dos naturalezas en una sola persona, se convirtió en el eje doctrinal del concilio. León reclamó para sí la autoridad de sucesor de Pedro, interviniendo en los asuntos de Oriente con una firmeza sin precedentes.
- La Emperatriz Pulqueria y Emperador Marciano: Actuaron como los arquitectos políticos de la asamblea. Pulqueria es venerada por su papel en la protección de los delegados papales y su firme oposición al monofisismo, mientras que Marciano proporcionó el marco legal para que las decisiones conciliares se convirtieran en leyes imperiales.
- Dióscoro de Alejandría: Representó el colapso de la hegemonía alejandrina. Fue procesado durante las primeras sesiones por su comportamiento en el "Latrocinio" y finalmente depuesto, no solo por sus ideas teológicas sino por violaciones canónicas graves.
- Anatolio de Constantinopla: Aunque inicialmente elevado por Dióscoro, aceptó la ortodoxia calcedoniana y trabajó para elevar el estatus de su sede, aprovechando el vacío dejado por Alejandría.
El concilio se desarrolló en aproximadamente 17 sesiones entre el 8 de octubre y el 1 de noviembre de 451. La asamblea fue la más grande hasta la fecha, con más de 500 obispos presentes.
Durante las primeras sesiones, se leyeron las actas del sínodo de 448 y del concilio de 449. La lectura del Tomo de León provocó una reacción entusiasta entre los obispos, quienes exclamaron: "¡Pedro ha hablado a través de la boca de León!".
No obstante, algunos obispos de Palestina e Iliria expresaron dudas sobre si las palabras de León contradecían la teología de Cirilo de Alejandría. Esto llevó a una pausa para que una comisión especial armonizara ambos textos.
La llamada "Definición de Calcedonia", aprobada en la quinta sesión, estableció el dogma fundamental de la cristología: Jesucristo es una sola persona (hypostasis) en dos naturalezas (physéis). Estas naturalezas están unidas "sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación".
Con esta fórmula, la Iglesia rechazó simultáneamente el monofisismo (que confundía las naturalezas) y el nestorianismo (que las dividía).
Pero además, el Concilio de Calcedonia es muy importante porque de él, surgieron casi treinta cánonesdisciplinarios, los cuales buscaban estabilizar una iglesia en crecimiento pero sin una uniformidad administrativa.
Dentro de estos cánones, el Cánon 28, que otorgó a Condtantinopla la supremacía en cuanto a honor de la cristiandad, dejando a Roma en segundo lugar de importancia. El argumento era puramente político: puesto que Constantinopla era ahora la sede del Emperador y del Senado (la "Nueva Roma"), su iglesia debía reflejar esa importancia.
Los legados papales se opusieron inmediatamente a este canon, argumentando que la primacía de las sedes eclesiásticas debía basarse en su origen apostólico (Roma, Alejandría y Antioquía) y no en el estatus político de la ciudad.
El papa León I rechazó formalmente el canon 28 en 453, reafirmando que el orden de las sedes establecido en Nicea era inmutable. Este desacuerdo marcó el inicio de una tensión estructural entre el modelo romano de primacía divina/apostólica y el modelo bizantino de acomodación política, una divergencia que alimentaría el cisma de 1054.
Entre estos cánones, cabe destacar el Cánon 2, acerca del control de la Simonía, o venta de cargos eclesiásticos, cánon que, durante toda la historia de la Iglesia, se ha contravenido en infinidad de ocasiones. El Cánon 4, implantó el sometimiento de los monjes a una autoridad local (Un Obispo), esto es el orígen del Monasticismo.
el Cánon 6 por ejemplo, prohibía las ordenaciones sin que estuvieran asignadas a una iglesia.
Y, el 28 como vimos, que otorgaba a Constantinopla una "Igualdad" con Roma en cuanto a privilegios.
La aceptación de Calcedonia fue lejos de ser universal. En las provincias de Egipto, Siria y Armenia, la definición de las "dos naturalezas" fue recibida con hostilidad y violencia.
Para muchos alejandrinos, Calcedonia era simplemente "nestorianismo disfrazado". Aquellos que rechazaron el concilio adoptaron el término "miafisita" para distinguirse de los monofisitas extremos como Eutiques.
El miafisismo sostiene que Cristo tiene una sola naturaleza, pero esta es una unión perfecta de lo divino y lo humano, sin confusión. Esta distinción técnica no impidió que las autoridades imperiales los persiguieran como herejes.
Entre sus consecuencias, tenemos que en Egipto (Iglesia Copta), La deposición de Dióscoro I, Patriarca de Alejandría fue vista como un insulto nacional. En 457, el asesinato del patriarca pro-calcedoniano Proterio a manos de una turba marcó la separación definitiva de la mayoría de la población egipcia de la iglesia imperial. (No confundir a este Dióscoro con el padre de Santa Bárbara).
También en Siria (Iglesia Ortodoxa Siríaca) donde lideraban figuras omo Jacobo Baradeo, esta organizó una jerarquía paralela que sobrevivió a la persecución bizantina. Otro ejemplo sería el de Armenia (Iglesia Apostólica de Armenia) Aislada por la guerra con los persas, la iglesia armenia rechazó formalmente Calcedonia en el siglo VI, consolidando una identidad nacional ligada a su propia cristología.
Como podemos darnos cuenta, hubo un rechazo de muchas comunidades hacia el centralismo impuesto por Constantinopla, y eso, aunado al debilitamiento de estas provincias facilitó su posterior pérdida ante la expansión islámica en el siglo VII.
Hubo un intento unos años después, en el 482, de arregla un poco tamaño problema. El emperador Zenón intentó una solución política con el Henotikón, un documento que buscaba la unión ignorando Calcedonia.
El patriarca Acacio de Constantinopla apoyó esta medida, lo que provocó que el papa Félix III lo excomulgara en 484. Este "Cisma Acaciano" duró 35 años y subrayó que Constantinopla estaba dispuesta a romper con Roma para apaciguar a sus súbditos orientales.
Así, el orígen de la división de la iglesia, básicamente se puede rastrear hasta estos eventos de los siglos IV y V, hasta culminar en el "Gran Cisma" de 1054, donde se selló definitivamente la separación de las iglesias occidental y oriental.
El camino de Calcedonia a 1054 no fue una caída repentina, sino un proceso de decaimiento cultural, político y lingüístico.
Mientras Occidente se sumergía en el colapso del Imperio Romano y el surgimiento de los reinos germánicos, Oriente mantenía la estructura del Imperio Romano de Oriente, desarrollando una eclesiología centrada en el Emperador (cesaropapismo).
Pero, para hablar del período del 451 al 1054... Creo que no nos dá tiempo, y seguramente tienen que ir a dormir.
Así que, espero que les haya gustado Y …
Nos vemos a la próxima






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