Píldoras de historia: La expedición fenicia de Necao II

Durante el Periodo Tardío de Egipto, y en particular durante la Dinastía XXVI, una de las que no se habla mucho, comúnmente conocida como la Época Saíta, representa, a pesar de todo, un intervalo de extraordinario dinamismo, innovación y apertura internacional en la milenaria historia de la tierra de los faraones. 

La Dinastía XXVI, que según Manetón tuvo "Nueve reyes de Sais", fue la última dinastía originaria de Egipto. Esto ocurrió durante el llamado "Período Tardío", que correspondió a las Dinastías XXVI, XXVII, XXVIII, XXIX, XXX y XXXI, e incluyó a los reyes Estefinates, Nequepso, Necao I, Psamético I, Necao II, Psamutes II, Uafres, Amosis II, Psamético III, y un o que se ha omitido de las listas como fue Ameres el Etíope, que, tal vez, debido a su apodo, fue omitido por no ser de Egipto o de sangre egipcia.

Este período es importante porque ocurrieron hechos muy significativos como la recuperación de Egipto del dominio Asirio, la caída del mismo imperio Asirio a manos del imperio Babilónico, La destrucción del Templo de Jerusalén a manos de Nabucodonosor II, la conquista de Judá y Jerusalén a manos de este último, la destrucción de Nínive a manos de Nabopolasar,  y de parte de Egipti, la victoria de los ejércitos de Necao II sobre las fuerzas de Nabopolasar en la famisísima batalla de Megido.

En fin, un período muy interesante desde el punto de vista histórico.  Ahora, vamos con un hecho que ha sido estudiado desde hace mucho tiempo, y en el que aún no se ponen de acuerdo muchos historiadores y expertos: La primera circunnavegación documentada del áfrica.

Bajo el reinado de Necao II (610-595 a.C.), Egipto no solo buscó recuperar su antigua hegemonía en el Levante, sino que también emprendió proyectos de infraestructura y exploración que desafiaron las fronteras del mundo conocido. Entre estos logros, la expedición encargada a navegantes fenicios para circunnavegar el continente africano destaca como un hito de la exploración marítima, cuya veracidad ha sido objeto de intensos debates académicos durante siglos.El contexto histórico: Egipto y el Renacimiento SaítaEl ascenso de Necao II al trono se produjo en un momento de profunda inestabilidad geopolítica en el Próximo Oriente. Su padre, Psamético I, había logrado reunificar Egipto tras décadas de fragmentación y dominio asirio, utilizando para ello una combinación de diplomacia astuta y el empleo masivo de mercenarios extranjeros, principalmente griegos jónicos y carios. 

Esta apertura hacia el Mediterráneo transformó la estructura militar y administrativa del reino, permitiendo el surgimiento de una nueva élite burocrática y militar que no temía al mar, tradicionalmente visto por los egipcios con desconfianza.

Necao II heredó un estado consolidado pero rodeado de potencias emergentes. El Imperio Neoasirio, antiguo señor de Egipto, se desmoronaba ante el avance de los medos y los babilonios. La respuesta de Necao II fue muy inteligente. En el frente asiático, dirigió campañas militares para apoyar a los remanentes asirios y contener el avance neobabilónico, logrando victorias iniciales como la de Megido en 609 a.C., donde el rey Josías de Judá perdió la vida. Sin embargo, la derrota definitiva en la Batalla de Karkemish en 605 a.C. ante Nabucodonosor II puso fin a las aspiraciones territoriales egipcias en el Éufrates, obligando al faraón a replegarse y concentrar sus recursos en el fortalecimiento interno y el dominio de las rutas comerciales marítimas.

Este giro estratégico es fundamental para entender la motivación detrás de la expedición africana y la construcción del canal del Mar Rojo. Al perder el control de las rutas terrestres a través de Palestina y Siria, Egipto necesitaba alternativas para asegurar el flujo de bienes exóticos y materias primas. La visión de Necao II era transformar a Egipto en una potencia marítima, conectando el Mediterráneo con el Océano Índico a través de una red de navegación que obviara los territorios controlados por Babilonia.

Necao II inicio la construcción del canal en el Uadi Tumilat, El canal de Uadi Tumilat, conocido históricamente como el Canal de los Faraones, fue una antigua vía fluvial navegable en Egipto que conectaba el brazo oriental del río Nilo con el mar Rojo. Atravesaba el valle de Uadi Tumilat, facilitando el comercio entre el delta y el mar Rojo, y se considera el precursor del Canal de Suez. 

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Esto obligó a buscar además una ruta totalmente libre para acceder a otros sitios sin tener que pagar tributos o enfrentarse a los nuevos dueños de oriente, por lo cual se decide a enviar una expedición que diera la vuelta al África, partiendo por Mar Rojo y volviendo por las "Columnas de Hércules" y de paso, corroborar la idea que el África era #Una isla".

Ahora, la fuente primordial de la expedición es el historiador griego Heródoto, quien en su obra Historias (Libro IV, 42) describe la hazaña con una mezcla de respeto y escepticismo. Según su testimonio, Necao II, tras detener los trabajos en el canal que conectaba el Nilo con el Golfo Arábigo (Mar Rojo), envió una flota tripulada por marinos fenicios con órdenes precisas de navegar hacia el sur, rodear Libia (África) y regresar a Egipto por el Mediterráneo, cruzando las Columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar).

El relato especifica que los navegantes partieron del Mar Rojo y navegaron por el "Mar del Sur". Cada otoño, los tripulantes desembarcaban en la costa africana, sembraban una parcela de tierra y esperaban a que el grano madurara para cosecharlo antes de continuar su viaje. Este ciclo se repitió durante dos años completos, y no fue hasta el tercer año cuando los fenicios avistaron las Columnas de Hércules y finalmente arribaron a las bocas del Nilo. 

Uno de los pasajes más célebres y discutidos del relato es el comentario de Heródoto sobre la posición del sol. El historiador afirma: "Allí hicieron una declaración que yo no creo, aunque otros puedan hacerlo: que al navegar alrededor de Libia tenían el sol a su mano derecha". Para un observador en el hemisferio norte, donde el sol siempre transita por el sur, la idea de que el sol estuviera en el norte (a la derecha de una nave que viaja hacia el oeste) resultaba absurda y físicamente imposible según los conocimientos geográficos griegos de la época. 

Sin embargo, para la ciencia moderna, este detalle constituye la prueba más sólida de que el viaje efectivamente tuvo lugar. Al doblar el extremo sur de África y navegar hacia el oeste, cualquier navegante que haya cruzado el ecuador y el Trópico de Capricornio verá el sol del mediodía situado hacia el norte. La inclusión de este dato por parte de Heródoto, a pesar de su propio escepticismo, sugiere que estaba transmitiendo un informe genuino de navegantes que habían experimentado una realidad astronómica ajena a su mundo cotidiano. El hecho de que Heródoto no comprendiera la esfericidad de la Tierra hace que sea prácticamente imposible que hubiera inventado tal detalle para dar verosimilitud al relato.

Otro dato importante además de interesante, es el método de subsistencia descrito —detenerse para cultivar— el cual ha sido analizado profundamente por el investigador Marcello Valente. Valente sostiene que esta práctica apoya la historicidad del viaje debido al contexto antropológico del África austral en el año 600 a.C.. Mientras que en las costas del Mar Rojo o el Cuerno de África los fenicios podían haber comerciado con poblaciones locales más avanzadas, al descender hacia el sur se habrían encontrado con pueblos de la Edad de Piedra, principalmente grupos de cazadores-recolectores (como los ancestros de los joisán) que no poseían excedentes agrícolas ni practicaban el comercio organizado.

Por lo tanto, la expedición se vio forzada a la autosuficiencia alimentaria. El clima del hemisferio sur, con estaciones invertidas respecto a Egipto, habría planteado retos adicionales que justifican la duración de tres años. Se ha especulado que los fenicios podrían haber utilizado granos de crecimiento rápido o variedades resistentes de trigo y cebada adaptadas a diversos climas. Otro factor logístico de la Expedición es lo que implica la duración de tres años de la expedición (aproximadamente 610-595 a.C.). Esto es totalmente coherente con la tecnología naval de la época y la necesidad de paradas agrícolas.

El cultivo estacional de grano en la costa africana, indica tránsito por regiones sin redes comerciales establecidas (África austral).

Entonces, el hecho de tener el Sol a la derecha (norte) al navegar hacia el oeste, es casi una prueba irrefutable del tránsito por el hemisferio sur, desconocido para los griegos, también el hecho que los vientos y las corrientes, como el uso de los monzones del noreste y la corriente de las Agujas, permitía la navegación en sentido horario (E-W) convirtiéndola en la ruta más eficiente desde el Mar Rojo.

A pesar de la coherencia del relato de Heródoto, no existe hasta la fecha una prueba arqueológica directa, como una inscripción de Necao II en una playa sudafricana, que confirme el viaje sin asomo de duda. Esta ausencia ha llevado a estudiosos como Alan B. Lloyd a cuestionar si un faraón egipcio habría autorizado tal empresa, argumentando que las prioridades de Egipto eran puramente locales y comerciales. Lloyd sugiere que el relato podría ser una "fábula teórica" griega para confirmar que África estaba rodeada por mar.

No obstante, una red de evidencias indirectas sugiere que la circunnavegación era técnicamente posible y alineada con la política Saíta. 

Los fenicios eran los constructores de barcos más expertos de la antigüedad. Sus naves de carga, llamadas gauloi (barcos redondos), eran robustas y aptas para el mar abierto, con cascos anchos y velas cuadradas eficientes para vientos constantes. Para el siglo VI a.C., los fenicios y sus descendientes cartagineses ya habían establecido puestos avanzados en la costa atlántica de África, como Mogador (Essaouira) y Lixus (Marruecos). Esto significa que, al rodear el continente, los navegantes de Necao habrían encontrado puertos amigos y tecnología familiar al llegar a la costa noroeste.

Hallazgos arqueológicos, como el naufragio fenicio de Cartagena (España) del siglo VI a.C., demuestran que estas naves transportaban bienes desde Marruecos e incluso ámbar del Báltico, lo que confirma su capacidad para realizar viajes de larga distancia vinculando el Atlántico y el Mediterráneo.

Durante la expedición "Phoenicia" (Arqueología experimental) realizada entre el 2008-2010, que lideró el explorador Philip Beale, con una recreación del viaje de Necao II utilizando una réplica exacta de un barco fenicio del siglo VI a.C., construido con cedro del Líbano y técnicas tradicionales en la isla de Arwad. El barco logró completar la circunnavegación de África partiendo de Siria, cruzando el canal de Suez moderno (en lugar del antiguo), descendiendo por la costa este y ascendiendo por la oeste hasta Gibraltar. Esta expedición demostró que las naves fenicias podían resistir las violentas tormentas del Cabo de Buena Esperanza y que los vientos predominantes favorecen precisamente la ruta en sentido horario que describe Heródoto.

Sin embargo, Una de las dudas recurrentes planteadas por los interesados en el tema es si los navegantes regresaron volviendo a salir por el Estrecho de Gibraltar para reentrar en el Mar Rojo. El análisis de las fuentes y el contexto de la infraestructura de Necao II aclara esta cuestión de manera definitiva: el viaje fue una circunnavegación en sentido horario que comenzó en el Mar Rojo y terminó en el Mediterráneo.Según Heródoto, el objetivo era regresar a Egipto a través de las Columnas de Hércules y el Mediterráneo. No hay ninguna mención en los relatos antiguos de que los barcos intentaran volver al Mar Rojo tras salir al Atlántico por Gibraltar, lo cual carecería de sentido logístico y geográfico en esa época. Para regresar al Mar Rojo después de haber entrado en el Mediterráneo por Gibraltar, los barcos habrían tenido que atravesar el canal que Necao II estaba excavando. Sin embargo, las pruebas históricas y arqueológicas indican que Necao II no terminó el canal de manera que fuera navegable para naves de gran calado hasta el Mar Rojo. 

Aunque logró conectar algunas secciones del Uadi Tumilat con los Lagos Amargos, el oráculo o las dificultades técnicas (incluyendo el temor a inundaciones o la muerte masiva de trabajadores) detuvieron la obra antes de que se completara el tramo final hacia el mar. Fue el rey persa Darío I, décadas más tarde, quien finalmente completó la conexión, como atestiguan sus estelas monumentales en la zona de Tell el-Maskhuta.

Por lo tanto, la flota fenicia terminó su travesía arribando a las bocas del Nilo en el Delta (Mediterráneo). Allí, el faraón pudo haber inspeccionado los barcos y escuchado los relatos. No existe evidencia de un viaje de vuelta "circular" que implicara salir de nuevo de Egipto por el Mediterráneo para volver al punto de partida original en el Mar Rojo. 

Para entender por qué Necao II patrocinó una expedición tan arriesgada, debemos observar el clima de innovación de la Dinastía XXVI. Este periodo se conoce como el "Renacimiento Saíta" porque los faraones buscaron activamente revivir las glorias del Reino Antiguo y el Reino Nuevo en el arte y la arquitectura, pero con una mentalidad económica y militar moderna.

El cargo de "Líder de la Flota" (o maestro de navegación) cobró una importancia central. Este funcionario no solo supervisaba los movimientos militares en el Nilo y las costas, sino que también gestionaba la recaudación de impuestos y el control de las fronteras fluviales. Necao II fue pionero en la creación de una marina de guerra permanente, construyendo trirremes tanto para el Mediterráneo como para el Mar Rojo. El uso de mercenarios jónicos y carios proporcionó a Egipto la infantería pesada necesaria para enfrentarse a los ejércitos de estilo mesopotámico, mientras que los fenicios aportaron la pericia náutica. El proyecto del canal no fue solo una obra de ingeniería, sino una declaración política. Al intentar unir los dos mares, Necao II buscaba que Egipto controlara el comercio entre el Índico y el Mediterráneo de forma absoluta. La fundación de Per-Temu Tjeku (Tell el-Maskhuta) en el Uadi Tumilat sirvió como centro de operaciones para este proyecto. Las excavaciones en el sitio, han revelado que la ciudad creció rápidamente bajo su reinado, funcionando como un puerto interior y una guarnición estratégica contra posibles incursiones desde el Sinaí.

El viaje no fue repetido, posiblemente porque la caída de la Dinastía XXVI ante los persas y el cambio en las prioridades comerciales hicieron que una ruta tan larga y peligrosa no fuera económicamente viable en comparación con el canal o las rutas terrestres una vez que estas estuvieron bajo un solo imperio estable. 

Sin embargo, el legado de Necao II como un faraón que "se atrevió a redibujar el mapa" perdura, recordándonos que en el siglo VII a.C., Egipto estaba a la vanguardia de la exploración global. La circunnavegación fenicia demostró que África era una isla unida a Asia solo por un estrecho istmo, una verdad que la geografía europea olvidaría durante casi dos milenios hasta que los portugueses redescubrieron la ruta en la Era de los Descubrimientos. Necao II, con su mezcla de ambición militar y curiosidad científica, personificó el último gran florecimiento de la civilización egipcia antes de la dominación extranjera definitiva.

Esta historia, leída en los relatos de Heródoto, siempre me ha fascinado, y pienso en todo lo que se ha perdido de la historia, todas las maravillas y avances que hubo antes de que se "redescubrieran" muchos años después...

Ahora, soñaré con otras historias para contar, pero otros día....


Chau...


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